viernes, 4 de diciembre de 2015

Momentos

La vida es una sumatoria de momentos, instantes que pasan veloces cual ráfaga de viento que acaricia nuestra cara; y podemos sentirlos como una caricia o una bofetada, e incluso a veces dejamos de hacerlo.

A menudo se nos dificulta poder contemplarlos y apreciarlos, más allá de la grandeza o bajeza de los mismos.El poder tomarlos y soltarlos, sabiendo que como vienen se van, es un ejercicio que en la vorágine del mundo en el que vivimos tenemos que aprender a poner en práctica a cada segundo.

Momentos de felicidad, que llenan de alegría el alma, dibujan una sonrisa en nuestro rostro y nos llevan a abrazar la vida, el universo y a todos los seres que en ellos habitan con amor infinito.

Momentos de tristeza, que llenan nuestros ojos de lágrimas, atribulan nuestro espíritu, y hacen que apreciemos u odiemos nuestra existencia por ese instante de dolor que nos acongoja el alma.

Momentos de gloria, en los que creemos que nada es imposible, en los cuales podemos sentirnos capaces de escalar la montaña más alta o ser Superman; y el corazón galopa atrapado en nuestro pecho, que en ese efímero pasaje por el supuesto triunfo le queda pequeño.

Momentos de derrota, donde sentimos que el peso del mundo está apoyado en nuestros hombros, que nada es posible, que nuestro Dios es injusto y que la vida apesta. Y el corazón se encoje compungido cual ave que ha perdido su nido.

Momentos de bienvenidas, cuando un nuevo ser se asoma a nuestro devenir cotidiano, un nacimiento, un nuevo amor o un reencuentro con ese hermano, amigo o ser amado a quien creíamos perdido u olvidado en el tiempo y la distancia. Y la vida se viste de fiesta; y festejamos.

Momentos de despedida, cuando alguien que marcó la diferencia en nuestros días se marcha; por un instante, por largo tiempo o porque su ciclo en este mundo o en tu vida llegó a su fin. Y la vida se viste de luto; y nos entristecemos.

Momentos, miles, millones de ellos. Y es fundamental a nuestra felicidad el que podamos vivirlos en tiempo presente, porque son eso, sólo momentos. Momentos únicos, que no se repiten, tan efímeros como el amanecer, la puesta del sol en el horizonte o una gota de escarcha que se convierte en rocío y se evapora silenciosa de la hoja a la nada tan pronto el calor del día acaricia su cara. Momentos que debemos sentir, abrazar y dejar ir.

Porque al final de nuestros días es nuestra actitud hacia ellos la que forja nuestra sabiduría o ignorancia, nuestra templanza o desenfreno, nuestra plenitud o vacío existencial.

Porque son tan solo momentos…


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