“La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes" John Lennon
Existe una frase popular muy usada en mi país para referirnos a esos hechos o circunstancias de sabor amargo por las que en algunos momentos de la vida nos toca atravesar.
La frase es simple y al punto y dice “Si la vida te da limones, haz limonada.” Si limones es todo lo que tienes hoy, úsalos lo mejor que puedas, saca el mejor beneficio de ellos recurriendo a tu experiencia, a tu sabiduría y a tu fortaleza aprende emplearlos al 100%. No te detengas a pensar en lo amargo, pon manos a la obra. Sácales a estos limones el mejor provecho, y verás como el sabor que habías anticipado cambia y se convierte en algo completamente diferente.
Si te gustan las bebidas refrescantes, entonces con esos limones que hoy te saben amargos, hazte una rica limonada. El sabor pasa a ser tolerable si le agregas al jugo la dulzura del agua y el azúcar o el stevia. Y no te quedes ahí, sigue improvisando, agrégale menta, jengibre, hierba buena, súmale aquellos sabores que le agraden a tu paladar y mejoren el sabor inicial.
Y entonces, casi sin querer y sin darte cuenta, utilizando tus sentidos y siguiendo tus instintos no dejaras de sorprenderte cuando al final del día te encuentres sentado con una sonrisa frente a esta sabrosa y refrescante limonada, esa que obtuviste con simplemente limones.
Así es la vida, es una cuestión de actitud. La anécdota de los limones puedes aplicarla a todo lo imprevisto que te llega y alterando tu rutina te sorprende, te saca de tu espacio de confort.
Depende de nosotros, de como accionamos frente a estos hechos concretos e imprevistos a los que debemos enfrentarnos continuamente, que no estaban en nuestros planes, no eran de nuestro gusto y que hubiéramos preferido evitarlos.
Existen momentos, situaciones, hechos o acontecimientos que sí podremos controlar, prever y manejar en nuestras vidas. Pero otros simplemente sucederán, nos gusten o no, porque el Universo, Dios, los otros, o quien fuera así lo han decidido. Porque así es la vida, fluye, sin pedir permiso a nada ni a nadie, simplemente cumple con su plan Divino. Tú puedes revelarte o fluir con ella.
Es ahí en esos momentos, frente a estos acontecimientos fuera de la órbita de nuestro control donde aprendemos a conocernos a nosotros mismos, así también como también a los otros.
Es allí, enfrentados ante la inevitabilidad de los hechos, cuando somos nosotros quienes tenemos el poder de elegir que matiz queremos darle a nuestro día, de qué color queremos pintar la situación o nuestra vida.
Podemos elegir ser completamente negativos, y pintar de negro nuestra mente, cerrarla completamente e impedir que entre la luz, impidiéndonos ver la inmensidad de la paleta de colores disponibles para nuestra vida, o podemos tomar la brocha, respirar profundo, soltar lo inevitable y trabajar con lo que tenemos frente a nosotros; intentando diferentes matices o colores que traigan la claridad del día y luz a nuestra situación.
Todos tenemos un plan o varios planes para nuestra vida, todos tenemos objetivos, todos nos planteamos una meta de corto, mediano o largo plazo. Porque de eso se trata vivir, de darle un sentido a nuestra existencia, de buscar llegar a nuestra felicidad, a amarnos a nosotros mismos y los otros.
Pero hasta que no aceptemos que los limones, así como los cambios, los imprevistos, los distintos sabores y el a veces equivocarnos de colores son parte del camino. Hasta que no aprendamos a trabajar y sacar lo mejor de nosotros, dejaremos que la vida simplemente nos suceda, en lugar de tomar el control y hacer lo mejor que podamos de ella día a día con lo que hoy nos toca.
Habrá quienes tomen esos limones, sal, tequila y decidan evadirse de la realidad en lugar de vivirla. Habrá quienes guarden los limones para el futuro, porque no saben qué hacer con ellos hoy.
Cada quién elije su propio camino, y nadie es quien para juzgar al otro. Pero la verdad es que no hay nada más hermoso que vivir el hoy, así como nos llega, a veces con alegría, otras con dolor, a veces con naranjas dulces, otras con limones; es cuestión de aprender qué hacer con ellos.
Yo con el correr de los años voy aprendiendo y perfeccionando el arte de hacer más deliciosas las limonadas que me toca vivir. Porque una de las tantas cosas que he ido aprendiendo y la vida me ha enseñado es que un hombre sabio puede cambiar de opinión y siempre mejorar las cosas, pero un hombre necio nunca lo hace.
Que tengas un día colmado de sabiduría y ricas limonadas.




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