Extraño tus silencios Nonino
Ayer me visitaste en sueños, hacía tiempo no nos veíamos; pareciera que supieras que extrañaba tus palabras, la simpleza con la que me explicabas los hechos de la vida y hacías que al final terminara riéndome de las tonterías por las que solía hacerme problemas.
Será porque hoy es una noche cálida de luna llena, tus favoritas para escaparnos a la heladería, con la excusa de que tenías que poner nafta al tanque de tu auto, y al volver nos sentábamos en los sillones vaivén del jardín de invierno y mientras mirábamos la claridad del cielo solías murmurarme. “- Podes decirme al oído lo que te pasa. Podes contarme que el abuelo te promete no dice nada.” Y te sonreías como para alentarme y darme confianza, sabías que algo rondaba en mi cabeza, y así lo era. Siempre que me quedaba en tu casa necesitaba un consejo, y era el tuyo o el de la abuela.
Eras un hombre de pocas palabras, y sin embargo nosotros hablábamos de todo lo importante, casi sin decir nada acerca de ello. Desde tu enfermedad que te iba a llevar de mi lado antes de lo esperado hasta de Balbín aunque yo no entendiera nada de política en aquel entonces. Pero ambos sabíamos el significado de esos momentos y vos mejor que nadie entendías mis silencios.
“-Hoy sí quiero contarte algo Nonino”, te dije en el sueño. Porque hoy me siento como cuando era chica y necesito tu consejo abuelo. Hoy quería preguntarte:
Cómo se planta uno frente a la gente que ama, y sin lastimarla le dice con honestidad que estoy cansada de tener que dar tantas explicaciones, de tener que justificar mi vida, de por qué hice esto o por qué dejé de hacer aquello?
¿Qué tanto les importa Nonino? ¿Que si me quiero vestir de Rosa para ir a un funeral o ponerme botas en pleno verano? Si nada de eso que estoy haciendo afecta o lastima a nadie, además no es siquiera interesante, y más aún: es mi vida no la de ellos.
¿Y qué si elijo amar al hombre que amo, si es mi corazón el que está en juego?¿O acaso yo les digo a ellos con quién han de estar, o solicito a los demás que me pidan autorización, o rindan examen de aprobación?
¿Qué saben los otros de lo que yo siento? ¿Qué se yo de lo que los otros sienten? ¿Qué saben de mi dolor o del centenar de lágrimas derramadas en estos últimos meses en la soledad de mis noches?
¿Por qué todos se preocupan por mi delgadez cuando todos conocen la causa?¿Por qué la gente habla de superficialidades cuando está frente a mí y en el momento en que les doy la espalda traen a colación lo que querían decirte y no lo hicieron?
¿Y qué si hoy no quiero, no puedo o elijo no contar o explicar a nadie el porqué de tal o cuál decisión o acción de mi vida? ¿Por qué cuesta tanto aceptar el silencio del otro Nonino?¿Por qué todos creemos que en nombre de la sangre, la amistad o la familia merecernos una explicación cuando la pedimos?
Soy un adulto, ¿por por qué me importa tanto lo que los otros digan o dejen de decir acerca de lo que yo hago o no hago si igual nunca van a dejar de hablar? ¿Por qué he de explicarles tanto si esta es mi vida?Y es a mi a quien le toca vivirla...
Tenés razón abuelo, es así de simple. Yo le explico a quién quiero, cuando quiero y si quiero. A quienes les importo y me importan verdaderamente lo que me pasa, sabrán entenderlo, y los demás a bailar la conga a Cuba, que Pink Floyd no es su ritmo pero sí es el mío.
¿Quién es capaz de sentir lo que el otro? Podemos tener empatía, tratar de entender lo que sería estar en su lugar, y ser compasivos, pero yo soy la que calzo el treinta y ocho y medio y llevo zapatos de charol en una tarde de cuarenta grados y he de caminar veinte cuadras en esta ciudad donde el ochenta por ciento de las baldosas están sueltas; y tú eres el que debes de cruzar el Río de la Plata en una balsa de goma y no sabes nadar.
Entonces no sabemos. Qué fácil era sentarse con vos en las hamacas y hablar sin decirnos nada abuelo. Cuánto extraño estas charlas.
¿Por qué hablamos tanto sin decir nada cuando nadie nos pide nuestra opinión o un consejo?
Cuanta razón tenías cuando me decías: "Laurita, a veces cuando no tienes nada interesante que decir o aportar al otro es mejor no decir nada". O como dice un conocido proverbio hindú “Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio”




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